“Hasta
ahora hemos estado atrapados en el hielo por 17 días. Nuestra posición
aproximada es Longitud 160 O, Latitud 75 N. El fuego finalmente se
extinguió ayer y el maestre ha estado tratando de encenderlo otra vez
pero sin mucho éxito. Le ha dado la piedra a uno de los marinos. El hijo
del maestre murió esta mañana ysu esposa dice que ya no siente el frío.
El resto de nosotros no siente lo mismo en esta agonía.”
En la mañana del 12 de agosto de 1775, el ballenero groenlandés
Herald se las arreglaba para cruzar el Atlántico Norte cuando el silencio
glacial fue roto por el grito del vigía. Al frente y al Oeste, por
encima de un iceberg podían verse las puntas de unos mástiles a unos diez
kilómetros de distancia. Lentamente, una goleta emergió por detrás de la
masa de hielo y a través del telescopio el capitán del Herald pudo
constatar que no había señales de vida. Las velas estaban desechas y todo
el barco brillaba curiosamente bajo el sol, cubierto como estaba de
escarcha.